TROPA DO CARALLO

  Nueva banda de Evaristo Páramos: TROPA DO CARALLO   https://metalcry.com/nueva-banda-de-evaristo-paramos-tropa-do-carallo/   POR   DANI DIEZ   ·   10/10/2021 TROPA DO CARALLO   ,dicho gallego para decir somos de la hostia o mi cuadrilla es la mejor, es la nueva banda de   Evaristo Páramos   (LA POLLA RECORDS, GATILLAZO) junto a   Abel Murua   al bajo,   Tripi   a la batería y   Alberto Salgado   a la guitarra. Actualmente están trabajando en su debut, en los próximos meses tendremos noticias de esta aventura y la confirmación de los primeros conciertos. https://www.insonoro.com/noticia/92570/tropa-do-carallo--nuevo-proyecto-de-evaristo-paramos Tropa Do Carallo, nuevo proyecto de Evaristo Paramos junto con Abel Murua al bajo, Tripi a la batería y Alberto Salgado a la guitarra. En unos meses tendrán listo su disco debut, mientras tanto,   sígueles en Facebook .  

¿Andy Warhol es un imitador deficiente? Los jueces que lo dijeron están tristemente equivocados

¿Andy Warhol es un imitador deficiente? Los jueces que lo dijeron están tristemente equivocados

Un tribunal de apelación dictaminó que Andy Warhol violó los derechos de autor de una fotógrafa.

Blake Gopnik

La obra "Prince" de Andy Warhol fue objeto de un proceso judicial por derechos de autor. Foto: Foundation for the Visual Arts, Inc./Artists Rights Society (ARS), New York.


https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/-andy-warhol-imitador-deficiente-jueces-dijeron-tristemente-equivocados_0_W-bTMtvlmd.html

 

Hace unos años, algunos críticos de arte declararon que la escultura de 1917 de Marcel Duchamp titulada “La Fuente” —un mingitorio comprado en una tienda que presentó, inalterado, como arte— era la obra más influyente del siglo 20.

Las Brillo Boxes de Andy Warhol de 1964 —copias de empaques de cartón de esponjas metálicas de cocina presentados como arte— fácilmente podrían haber ocupado el segundo lugar.

El filósofo Arthur Danto construyó toda una escuela de pensamiento en torno a la importancia de esas cajas para entender la naturaleza misma de las obras de arte.

El mes pasado, tres jueces federales de apelación en Manhattan decidieron que sabían más sobre arte que cualquier crítico o filósofo: su fallo tuvo el efecto de declarar que los inventos emblemáticos de Duchamp y Warhol —el “apropiacionismo” que practicaron, para usar el término de arte— no eran dignos de la protección legal que se otorga a otras creatividades bajo la ley de derechos de autor.

El caso que estaban considerando surgió en 2016 cuando, tras la muerte de la estrella del pop Prince, la Fundación Andy Warhol para las Artes Visuales otorgó la licencia de una serigrafía de Warhol de 1984 del músico para su uso en la conmemoración de una revista.

Cuando la fotógrafa Lynn Goldsmith reconoció que la imagen de Warhol estaba basada en una foto que ella había tomado en 1981, afirmó que la fundación había infringido sus derechos de autor.

En 2019, un tribunal decidió que el uso por parte de Warhol de la foto de Goldsmith estaba dentro de los límites de lo que la ley de derechos de autor llama “uso justo”.

El también llamado “uso legítimo” establece pautas para cuando un creador puede tomar prestado de otro sin permiso ni pago.

El tribunal determinó que la imagen de Prince había sido tan transformada que el uso por parte de Warhol debería contarse como “justo”.

Pero el tribunal de apelaciones no estuvo de acuerdo el mes pasado. La obra de cualquier nuevo usuario, dijeron los jueces, debe transmitir “un ‘nuevo significado o mensaje’ completamente aparte de su material de origen”.

Me parece justo. Pero, por otra parte, el tribunal de apelaciones insistió en que para que la reutilización sea “justa”, la transformación no puede ser tan pequeña que la obra del reutilizador “se siga derivando de manera reconocible de su material de origen y conservando sus elementos esenciales”.

Los jueces llegaron al extremo de considerar el collage —”obras de arte que toman de numerosas fuentes— como la norma para la transformación artística. Mientras que la serigrafía Prince que hizo Warhol, dijeron, “conserva los elementos esenciales de la Fotografía Goldsmith sin agregar o alterar significativamente esos elementos”.

Lo curioso es que este mismo tribunal de apelaciones una vez llegó en auxilio de uno de los discípulos de Warhol, Richard Prince, cuando éste reutilizó fotografías de rastafaris que habían sido tomadas originalmente por el fotógrafo Patrick Cariou.

En 2013, el tribunal declaró que, en 25 de 30 imágenes, Prince había transformado tanto el material de Cariou que no se infringieron los derechos de autor.

El tribunal estuvo en lo correcto al ponerse del lado de Prince, pero, en mi opinión, la decisión se aplicó al lote equivocado de Princes: las cinco imágenes que no parecían lo suficientemente transformadas eran las obras que más valía la pena proteger.

Eso es porque las cinco obras estaban experimentando con el apropiacionismo directo que Warhol había ideado en los 60. No podrían haber hecho eso a menos que lo que tomaron prestado de Cariou hubiera permanecido bastante intacto.

Como las transformó Prince, los cinco Carious originales subrayan cómo las imágenes viven en diferentes encasillamientos culturales —por ejemplo, como “ilustración”, “documentación” o “bellas artes”— y muestran cómo el apropiacionismo puede perturbarnos al moverlas de una clasificación a otra.

Christopher Sprigman, abogado y profesor de la Universidad de Nueva York, señaló que la ley de derechos de autor “a menudo es muy inteligente, pero no muy profunda, y el arte es todo lo contrario. Cuando las dos cosas chocan, tienes problemas”.

En la ley actual, dijo Sprigman, casi todas las decisiones de uso justo involucran algún tipo de “teoría estética”. La teoría estética no es, por decir lo menos, donde los jueces tienen más experiencia.

A la gente le gusta citar las palabras del gran juez del Tribunal Supremo Oliver Wendell Holmes: "Sería una empresa peligrosa que personas formadas sólo en derecho se constituyeran en jueces definitivos del valor de las ilustraciones pictóricas".

Pero Sprigman dice que, tal como están las cosas, no tienen otra opción.

Y si los jueces no tienen más remedio que considerar la estética -por qué una obra tiene el derecho a derivarse de otra, por el bien de toda la vida creativa de nuestra cultura-, entonces no tienen más remedio que considerar qué arte ha importado más en el pasado.

Si en los años sesenta una decisión sobre derechos de autor hubiera impedido a Warhol hacer sus Marilyns -si un tribunal hubiera insistido en que coloreara su cara con la de Kim Novak-, hoy seríamos todos más pobres.

Sus herederos artísticos deben ser capaces de utilizar la apropiación de la que fue pionero y llevarla a nuevos lugares, de la misma manera que los impresionistas partieron de la pincelada iniciada por Tiziano.

Los jueces pueden hacer muchas cosas de un plumazo, pero reescribir la historia del arte no es una de ellas. Se quedan con la apropiación como una de las grandes innovaciones artísticas de la era moderna. Su trabajo es asegurarse de que la ley lo reconozca.

Blake Gopnik es el autor de "Warhol", una completa biografía del artista pop. Es colaborador habitual de The New York Times.

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