Joey Ramone

  20 años sin Joey Ramone: el matón enfermizo del punk que partió la historia del rock en dos Al frente de The Ramones y con constantes problemas de salud, le devolvió al rock la energía de sus comienzos, con canciones simples y crudas. En esta nota, un repaso de cómo cuatro tipos de Nueva York cambiaron las reglas con canciones magníficas https://www.infobae.com/cultura/2021/04/15/20-anos-sin-joey-ramone-el-maton-enfermizo-del-punk-que-partio-la-historia-del-rock-en-dos/ La vida de  Joey Ramone  fue como una canción punk: inadaptada, cruda, llena de energía, pero también corta. Tras varios años de luchar contra el cáncer, falleció el 15 de abril de 2001 a los 49 años. Con  The Ramones  llevó al rock de regreso a sus raíces y propició su renacimiento. Es que desafiar al establishment musical en la segunda mitad de los ’70 parecía una tarea imposible. El rock se había convertido en una corporación llena de artistas pretenciosos que dominaban el mundo llenando estadios y ostentando su v

Cimafunk

 

Cimafunk se ha propuesto crear una nación con su música

En su nuevo álbum, “El alimento”, el músico cubano mezcla ritmos afrocubanos y afroestadounidenses acompañado por un elenco internacional.

https://www.nytimes.com/es/2021/10/16/espanol/cimafunk-musica-alimento.html



Hace unos meses, en un estudio de grabación de Tallahassee, Florida, el vocalista y compositor cubano Cimafunk participaba en una reunión intelectual con el líder del colectivo musical Parliament-Funkadelic, George Clinton, cuando se encontraron con una fascinante conexión entre la música afroestadounidense y la afrocubana.

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Cimafunk, cuyo nombre de pila es Erik Iglesias Rodríguez, estaba cantando el éxito de la década de 1950 “Los Marcianos”, algo que de inmediato alegró a Clinton, a quien le había gustado tanto la melodía de la canción que grabó una versión de ella llamada “Groovealliegiance” para el clásico de Funkadelic de 1978 One Nation Under a Groove. Sin embargo, Clinton, que creó una industria artesanal afrofuturista con la elaborada vestimenta y utilería de su banda, no tenía ni idea de que la canción trataba de marcianos que aterrizaban en La Habana para bailar chachachá.

“Le decía: ‘Hermano, ¿escribiste esa canción que hablaba de la Nave Nodriza y toda esa conexión y no lo sabías?’”, recordó Cimafunk, de 32 años, en una entrevista en video hace poco, de pie frente a un edificio del sur de Florida, rodeado de palmeras y césped tupido. “Todos esos personajes, como Pérez Prado y Chano Pozo y toda esa locura dejaron huella”, añadió, refiriéndose a los innovadores musicales cubanos. “No solo penetró en los instrumentos, sino también en los ritmos vocales”.

“Lo que ha hecho Erik es unir las dos tendencias: la afrocubana y la afroestadounidense”, dijo en una entrevista Valdés, fundador del influyente grupo de jazz/funk de la década de 1970, Irakere. “Ha convertido esto en una nueva escuela cuyo sonido no había oído hasta ahora”.


El alimento es un frenético paseo de ráfagas de funk percusivo intercaladas con versiones exageradas de los clásicos riffs cubanos llamados tumbaos, e incluso es un guiño a la famosa frase que Michael Jackson tomó de “Soul Makossa” de Manu Dibango. Sin embargo, Cimafunk también explora sus habilidades de composición y su impresionante rango de voz en la balada de blues “Salvaje” y en la canción con tintes de guitarra española “No me alcanzas”, con la participación de los clásicos percusionistas cubanos Los Papines. Aunque Cimafunk quiere que su voz lleve todo el linaje de la música cubana, me recuerda sobre todo a Benny Moré, que también era un vocalista autodidacta al que los músicos con mucha formación se esforzaban por seguir.

“Lo que hace Cima es como un nuevo funk”, comentó Clinton en una entrevista telefónica. “Tito Puente y ese tipo de cosas, Tito Rodríguez, todo eso era mi música favorita en Nueva York. El mambo y el chachachá era lo mismo que la música disco en la década de 1970”.

Vestido con una camisa estampada de inspiración africana y mirando a través de grandes gafas de sol, Cimafunk mostraba destellos de divertido asombro, como si le sorprendiera el momento y a la vez le perteneciera. Al explicar detalles sobre la escritura y la composición, empezó a cantar, y los pájaros de los árboles circundantes se unieron a él, aparentemente inspirados.

Nacido y criado en Pinar del Río, un pueblo al oeste de La Habana, Cimafunk creció escuchando a gigantes como Moré, Bola de Nieve, y Los Van Van y su carismático cantante Mayito Rivera. Pero también descubrió la música de fuera de la isla, en especial con programas de televisión como De la gran escena, donde vio a Tom Jones, Phil Collins y Sting. En uno de los temas emblemáticos del nuevo álbum, “Esto es Cuba”, describe a los residentes de Guantánamo que pudieron ver las emisiones en directo de Soul Train gracias a la antena de la base naval estadounidense que se encuentra cerca.

La familia conservadora de Cimafunk lo obligó a estudiar medicina, pero luego lo apoyó cuando decidió trasladarse a La Habana y dedicarse a sus ambiciones musicales. “Al principio me metí en el reguetón por las chicas, y por el hecho de que cualquiera con una tarjeta de sonido y un micrófono puede hacerlo”, dijo. “Luego descubrí la trova”, refiriéndose a un género más antiguo centrado en la balada. “Ahí empecé a escribir mis canciones con más estructura, canciones muy raras que nadie entendía. Cuanto más extrañas eran las canciones que escribías, más exótico eras”.

El primer álbum de Cimafunk, Terapia, llegó en 2017 cargado del exotismo de una neotrova con canciones como “Parar el tiempo” y “Me voy”, una favorita bailable, grabada en vivo e inspirada en el afropop nigeriano y el pilón, un ritmo de carnaval afrocubano. Terapia contenía las semillas del nuevo álbum, y un groove soul más suave de la década de 1970. El alimento lo ha transformado por completo en un campeón internacional del funk.

“Lo llamé El alimento porque hacer el disco fue lo que me alimentó espiritualmente durante todo el proceso de la pandemia”, comentó Cimafunk. Dijo que pretende que el álbum sea una especie de descarga, palabra que en Cuba significa tanto una improvisación musical como una liberación de la carga emocional acumulada.

“Trata de la conexión entre el espíritu y el cuerpo, y de la importancia de la liberación, y de quererse a uno mismo”, explicó.

El productor del álbum, Jack Splash (Alicia Keys, Kendrick Lamar, Solange), ha liderado su propia banda de funk independiente Plant Life, y ha ido y venido entre Los Ángeles y Miami, lo que le ha dado una perspectiva única sobre la superposición afrocubana/afroestadounidense.

“Son dos sensibilidades diferentes: aunque escuches el mismo funk, tu estilo puede ser un poco diferente”, dijo en una entrevista en video. Dijo que Shakira le pidió una vez que añadiera más síncopa a su pista de ritmo estándar de percusión voca; en la nueva canción “Estoy pa’ eso”, Splash y Cimafunk retocan el “beatbox de Shakira” para dar un nuevo giro a un “sample” de la banda de funk estadounidense Zapp, con resultados alucinantes.

Aunque algunos de los más firmes partidarios de Cimafunk, como Splash, creen que su sentido del estilo —ropa ajustada, gafas de sol a lo Bootsy Collins— evoca a Fela Kuti, las comparaciones con el rey nigeriano del afrobeat van más allá de la apariencia: Rodríguez es un africanista que suele empezar los conciertos con una interpretación a capela de un poema llamado Faustino Congo, que, según Cimafunk, está inspirado en la Biografía de un cimarrón de Miguel Barnet. La parte “cima” de Cimafunk es una referencia a los cimarrones, esclavos fugitivos cuya rebeldía era paralela a la de los cimarrones jamaicanos, una inspiración para las creencias rastafaris de Bob Marley.

“Al principio crecí sin la consciencia: mi familia era negra y educada y sentía que tenía que trabajar el doble”, dijo Cimafunk. “¡La cultura africana llegó a Cuba y lo cambió todo! Es el flow, la visualidad, el concepto, todo, y cuando empecé a conectar con esa identidad fue un alivio porque llegué a un lugar de verdad”.

Splash señaló que el funk era algo más que un referente sonoro. “La gente se asustó cuando James Brown dijo ‘Soy negro y estoy orgulloso’”, relató. “Pensaron: ‘¿Eso significa que a James Brown no le gustan los blancos? No, no quiere decir eso. ‘Vamos a levantar a mi gente’”. Encontraron un momento similar en el himno de fiesta “La noche” del nuevo álbum, en el que participan el rapero de dancehall Stylo G y la banda colombiana de afrofunk ChocQuibTown, cuyo cantante principal, Goyo, grita al final de la canción: “¡Poder afrolatino!”.

Al mismo tiempo que muestra el poder de la música afroamericana y afrocubana, Cimafunk también participa en una mezcla cultural que celebra una especie de hibridez latinoamericana, en sus propios términos. Se ve a sí mismo como parte de una nueva generación que está destinada a traer el cambio.

“Ahora que tenemos internet, puedes saber lo que pasa en el mundo, y tener un millón de opiniones diferentes, y elegir la que quieras”, comentó Cimafunk. “Empezamos de forma analógica y ahora estamos en una olla que está hirviendo”, concluyó.

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