EDITORIAL: La originalidad

EDITORIAL: La originalidad Por Antonio J. Gimenez La originalidad es una de las virtudes más deseadas por los artistas y a su vez, una de las más aclamadas por el público. Un músico con la capacidad de crear su propio sonido será fácilmente reconocible y apartado del abstracto tumulto de candidatos a la cima.  ¿Y de donde nace la originalidad? ¿De la calidad técnica? Claro que no. Solo entren a internet y lo comprobarán. Hoy en día, es muy común encontrar en sitios como YouTube a un número absurdo de personas que pueden interpretar piezas tan difíciles como exquisitas. Desde las más prestigiosas sinfonías clásicas hasta obras de la cultura popular. Si bien estas habilidades son loables, le duela a quien le duela, es más de lo mismo. Pero “ojo”, es una gran herramienta que deben atesorar (recuerden esto), porque la habilidad técnica es un gran comienzo para alcanzar la iluminación artística. Volvemos a nuestro cuestionario ¿La originalidad nace simplemente de hacer algo completamente di

Hoy: Cirujazz, jazz-rock pobre *

 


la banda que nunca vas a escuchar 

 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/27-2912-2007-08-02.html
Por Javier Aguirre

El rock argentino a veces sobreactúa su humildad, exagera el perfil bajo y, de tanto no ostentar riqueza, termina generando sospechas. Las estrellas de rock de Hollywood o Londres jamás disimulan sus fortunas personales y no dudan en mostrar por la MTV sus mansiones, sus yates, sus piscinas, sus helipuertos, sus duchas escocesas, sus zoológicos privados (monos, iguanas, camellos, bateristas) o sus bañeras llenas de leche tibia y pringosa. Es cierto que los ingresos monetarios del rocanrol criollo quedan a años luz de los del mainstream sajón: aun sin más datos empíricos que la intuición, nadie duda que –al cierre de esta edición– la cuenta bancaria de la diva pop estadounidense Madonna es más nutrida que la de la diva pop formoseña Doña Pochi. Con o sin fundamentos, la escena local se acostumbró a esa actitud de camuflaje y culpa que los rockers argentinos manifiestan hacia el dinero que ganaron honestamente, con el sudor de sus guitarras.

El ejemplo de este fenómeno es Cirujazz, la tediosa banda-furor del circuito favorito de las adolescentes histéricas y sedientas de sexo: el del jazz-rock. Los Cirujazz hacen de su mal pasar económico una bandera. Visten ponchos caseros fabricados con heterodoxos tejidos de bolsas de nylon, arpillera, papel de diario e hilo sisal, y para que nadie los acuse de “oler bien porque gastan fortuna en perfumes”, antes de sus apariciones públicas untan su atuendo con sudor concentrado del subte en hora pico. Roñosos, mal vestidos, suelen mendigar desde el escenario “una moneda para afinar la viola”. Pero algunos desconfían de esa lastimosa humildad y suponen que los Cirujazz, en realidad, ocultan una doble identidad; y que detrás de ese lookeo miserable, hediondo y andrajoso se ocultan limousinas, palcos VIP en la Bombonera, canillas de oro macizo y noches de esnifeo con billetes de cien euros junto a Paris Hilton y Kate Moss.

Algo de luz sobre el tema arroja el hit de Cirujazz, Escondé el Alfa Romeo, cuya letra –inmersa en insoportables improvisaciones jazzeras capaces de hacer dormir a un bebé flatulento– dice: “Muchos creen que soy pobre,/ que no poseo ni un cobre./ Mas soy pura honestidad,/ pues les digo la verdad:/ no soy igual que mis fans,/ no me como ni la punta,/ y tengo más tarasca junta/ que Bush y Alejandro Sanz”.

* Cualquier parecido con la realidad es una indudable coincidencia, como también lo fue que el Día de la Independencia el país quedara sepultado bajo kilos de hielo y nieve.

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