L-Gante debutó como actor en una película con Sofía Gala

  L-Gante debutó como actor en una película con Sofía Gala El cantante estuvo presente en la Avant Premiere de “Franklin: la historia de un billete” Sofía Gala y L-Gante, en la premiere de "Franklin: la historia de un billete". Foto: Movilpress. Actualizado al 17/05/2022 19:21 El lunes por la noche, Elián Ángel Valenzuela, conocido popularmente como L-Gante (22), debutó oficialmente como actor. Es que el cantante de cumbia tiene una breve participación en la película Franklin: la historia de un billete , que protagonizan Germán Palacios , Daniel Aráoz, Sofía Gala Castiglione, Joaquín Ferreira , Isabel Macedo y Cristian Salguero. En la Avant Premiere , que se celebró en el Dot Baires Shopping , ubicado en el barrio de Saavedra, el músico llegó acompañado por su pareja, la influencer Tamara Báez y su hija Jamaica, de 8 meses. L-Gante junto a Tamara Báez y Jamaica. Crédito: Movilpress. Además de comer pochoclos, el artista musical aprovec

aguas (re) fuertes

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Estar cerca del mar no garantiza la frescura. Un chapuzón puede calmar hasta que el sol seque de a una las gotas que se desparraman sobre la humanidad. Una vez seco, el sol pulveriza. De vez en cuando sopla algún viento, levanta arena árida, la arremolina y la deposita en los ojos. Y en medio de esta oda al calentamiento global en plena costa argentina, se vislumbra a lo lejos un vendedor de pirulines. Camina lento, como cayéndose. Corre peor suerte porque no es un vendedor común y corriente. Está vestido de Mickey Mouse, con esa cabezota de utilería, enorme y desgastada por los veranos. Las orejas ya no son negras sino marrones, deslucidas por la ferocidad del sol. Tiene guantes de lana y chaleco azul, zapatillas enormes como naves espaciales y pantalón brilloso de alguna extraña tela circense. De nada le sirve la sonrisa dibujada debajo del hocico altanero, los rayos del sol lo están devastando. Los pirulines salen un peso. El vendedor que se somete al disfraz cada tanto asoma la cabeza a la superficie y trata de respirar un poco de aire. Pero el aire que ofrecen estas costas es caliente. Quiere ponerle onda y es inútil. Algunos chicos se acercan y lo saludan. “¡Mirá, má, es Mickey!” Una nena le pregunta cuánto sale el pirulín y él levanta el dedo índice y le indica “uno”, un peso. La nena le da la monedita y él a duras penas separa el chupetín del tubo de telgopor y se lo da. Como puede, da media vuelta y sigue pateando las playas calurosas en busca de más clientes. ¿Cuánto ganará a razón de un peso el pirulín, teniendo en cuenta el disfraz? Porque por atrás pasa un pibe en malla y ojotas a los gritos pelados: “¡Hay pirulines, a un peso!”, y los nenes lo atacan con sus monedas en alto. Parece que acá vestirse de Mickey no es una buena estrategia de venta. ¿Cuánto calor podrá soportar dentro del disfraz? Lo más probable es que al día siguiente, con este tema del calentamiento global, Mickey ya haya renunciado.

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